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Tarima de madera de exterior: cómo elegirla e instalarla

Publicado el 11 de agosto de 2026

Tarima de madera instalada en una terraza exterior

Elegir tarima de exterior no es solo cuestión de estética: la misma tabla que en una terraza cubierta dura veinte años puede empezar a pudrirse en tres si se instala mal drenada o sin la subestructura adecuada. Esta guía repasa los tipos de tarima disponibles, los criterios técnicos que marcan la diferencia y cómo instalarla correctamente. Para el resto de elementos de una terraza de madera, en ver todas las guías de jardín y exterior tienes también cómo montar una pérgola.

Tipos de tarima de exterior

Madera maciza tropical (ipe, cumaru, garapa): muy densa y duradera de forma natural sin necesitar tratamiento químico, pero es la opción más cara y su origen conviene comprobarlo (certificación FSC o PEFC).

Madera de pino o abeto tratada en autoclave: la opción más habitual en España por precio. Solo vale si el tratamiento es clase de uso 4 (apto para exterior en contacto frecuente con humedad); la clase 3 se queda corta para tarima a la intemperie.

Madera termotratada: pino o fresno sometido a altas temperaturas sin químicos, lo que reduce su capacidad de absorber agua y mejora la estabilidad dimensional. Buen equilibrio entre precio, aspecto natural y durabilidad, aunque pierde algo de resistencia mecánica frente a la madera sin tratar.

Composite o WPC (madera-plástico): mezcla de fibra de madera y polímero. No se astilla, no necesita aceitado y apenas cambia de tono con los años, a cambio de un tacto menos natural y de acumular más calor al sol que la madera.

Criterios de elección

Cómo instalar la tarima paso a paso

1. Preparar la base y el drenaje

La tarima nunca debe apoyar directamente sobre tierra o césped. Sobre solera de hormigón, comprueba que tenga una pendiente mínima del 1-2% hacia un desagüe; sobre terreno natural, extiende una capa de grava compactada de al menos 5 cm para evitar que el agua se estanque bajo las tablas.

2. Instalar la subestructura (rastreles)

Coloca los rastreles perpendiculares a la dirección en la que irán las tablas, con una separación entre ejes de 30-40 cm para tablas de madera de 21-25 mm de grosor (reduce a 30 cm si la tarima recibirá mucho tránsito o mobiliario pesado). Los rastreles deben ser de la misma clase de tratamiento que exigirías a la tarima, ya que quedan muy cerca del suelo o del hormigón húmedo.

Deja un espacio de ventilación de al menos 3-5 cm entre la grava o el suelo y la cara inferior de los rastreles, apoyándolos sobre soportes regulables o tacos de plástico, no directamente sobre el hormigón.

3. Fijar las tablas

Existen dos sistemas de fijación:

4. Rematar bordes y juntas de dilatación

Deja siempre una junta perimetral de 1-1,5 cm entre la última tabla y cualquier muro o elemento fijo, para que la madera pueda moverse sin combarse. En superficies grandes (más de 6-8 m de longitud continua), incluye una junta de dilatación intermedia.

Mantenimiento según el material

En madera natural o termotratada, limpia con cepillo y agua con jabón neutro al menos dos veces al año y aplica aceite protector una vez al año, o en cuanto el agua deje de perlar sobre la superficie. En composite basta con barrer y lavar con agua; evita productos abrasivos que puedan rayar el acabado.

Conclusión

Si el presupuesto ajusta, la madera de pino en clase 4 con una subestructura bien ventilada rinde perfectamente; si prefieres olvidarte del mantenimiento, el composite compensa su mayor precio inicial con años sin aceitar nada. En cualquiera de los dos casos, el drenaje bajo la tarima es lo que realmente decide cuánto dura.